lunes, 5 de junio de 2017

POESÍA BARROCA 3º A. QUEVEDO

 PODEROSO CABALLERO ES DON DINERO

Madre, yo al oro me humillo,
Él es mi amante y mi amado,
Pues de puro enamorado
Anda continuo amarillo.
Que pues doblón o sencillo
Hace todo cuanto quiero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.

Nace en las Indias honrado,
Donde el mundo le acompaña;
Viene a morir en España,
Y es en Génova enterrado.
Y pues quien le trae al lado
Es hermoso, aunque sea fiero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.

Son sus padres principales,
Y es de nobles descendiente,
Porque en las venas de Oriente
Todas las sangres son Reales.
Y pues es quien hace iguales
Al rico y al pordiosero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.

¿A quién no le maravilla
Ver en su gloria, sin tasa,
Que es lo más ruin de su casa
Doña Blanca de Castilla?
Mas pues que su fuerza humilla
Al cobarde y al guerrero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.

Es tanta su majestad,
Aunque son sus duelos hartos,
Que aun con estar hecho cuartos
No pierde su calidad.
Pero pues da autoridad
Al gañán y al jornalero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.

Más valen en cualquier tierra
(Mirad si es harto sagaz)
Sus escudos en la paz
Que rodelas en la guerra.
Pues al natural destierra
Y hace propio al forastero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.

           Francisco de Quevedo

Versión 1

Dinero

Dinerito, dinerito
vente conmigo
y guárdate en mi bolsillito,
que yo te gastaré
poquito a poquito

comprándome un regalito.

POESÍA BARROCA 3º A. QUEVEDO



A una nariz

Érase un hombre a una nariz pegado,
érase una nariz superlativa,
érase una nariz sayón y escriba,
érase un pez espada muy barbado.


Érase un reloj de sol mal encarado,
érase un alquitara pensativa,
érase un elefante boca arriba,
era Ovidio Nasón mas narizado.


Érase un espolón de una galera,
érase una pirámide de Egipto,
las doce tribus de narices era.


Érase un naricísimo infinito,
muchísima nariz, nariz tan fiera,
que en la cara de Anás fuera delito.


              Francisco de Quevedo

Versión 1

Érase un hombre a una frente pegado.
Érase una frente superlativa.
Érase un aeropuerto.

Érase un buque mál aparcado.
Érase una ballena boca abajo.
Era Aless Gibaja el frente caja.

Érase una frente infinita
muchísima frente, frente tan fiera
que tenerla era delito.

                             Versión 2

A una frente

Érase una vez en un pueblo muy lejano llamado Frentón. Allí vivían personas con una frente extremadamente grande. Aunque uno destacaba especialmente, ya que la tenía enorme. Aquello parecía un aeropuerto de lo grande que era. Él se llamaba Roberto e iba a tercero de la Eso. Era muy buen estudiante, pero dejó de serlo de repente. Todos los profesores se preguntaban por qué Roberto dejó de tener dices en todos los exámenes a tener cuatros. Estuvieron mucho tiempo intentando averiguar lo que le había pasado, ya que él no quería decirlo.


Hasta que un día de dio por revelar qué le pasaba. Se estaban riendo de él todos los días, que tenía una frente descomunal. Entonces la profe a la que se lo dijo decidió castigar a toda la clase. Pero meses después Roberto seguía sacando malas notas, ya que se seguían riendo de él. Un día, Roberto se cabreó tanto que le pegó un cabezazo a uno de los niños que se reían de él y lo mató. Desde ese día Roberto empezó a estar más feliz ya que no se reían de él y lo tenían como un Dios. También empezó a sacar dieces otra vez y volvió a ser el niño que era antes.

POESÍA BARROCA 3º A. QUEVEDO


Miré los muros de la patria mía


Miré los muros de la patria mía,
si un tiempo fuertes ya desmoronados
de la carrera de la edad cansados
por quien caduca ya su valentía.

Salime al campo: vi que el sol bebía
los arroyos del hielo desatados,
y del monte quejosos los ganados
que con sombras hurtó su luz al día.

Entré en mi casa: vi que amancillada
de anciana habitación era despojos,
mi báculo más corvo y menos fuerte.

Vencida de la edad sentí mi espada,
y no hallé cosa en que poner los ojos
que no fuese recuerdo de la muerte.

Francisco de Quevedo






















Versión 1

Bien estaría reducir la pobreza
y mejor estaría conseguir la riqueza.
Bien estaría acabar con la guerra
y con ello, un agujero más que se cierra.
Pena de muerte, ¡qué suerte!
piensan algunos,
que temen más a la cautividad
que a ser asesinados.

POESÍA BARROCA 3º A. SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ

                                REDONDILLAS

Hombres necios que acusáis
a la mujer, sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis;

si con ansia sin igual
solicitáis su desdén,
por qué queréis que obren bien
si las incitáis al mal?

Combatís su resistencia
y luego, con gravedad,
decís que fue liviandad
lo que hizo la diligencia.

Parecer quiere el denuedo
de vuestro parecer loco,
al niño que pone el coco
y luego le tiene miedo.

Queréis, con presunción necia,
hallar a la que buscáis
para prentendida, Thais,
y en la posesión, Lucrecia.

¿Qué humor puede ser más raro
que el que, falto de consejo,
él mismo empaña el espejo
y siente que no esté claro?

Con el favor y el desdén
tenéis condición igual,
quejándoos, si os tratan mal,
burlándoos, si os quieren bien.

Opinión, ninguna gana,
pues la que más se recata,
si no os admite, es ingrata,
y si os admite, es liviana.

Siempre tan necios andáis
que, con desigual nivel,
a una culpáis por cruel
y a otra por fácil culpáis.

¿Pues como ha de estar templada
la que vuestro amor pretende?,
¿si la que es ingrata ofende,
y la que es fácil enfada?

Mas, entre el enfado y la pena
que vuestro gusto refiere,
bien haya la que no os quiere
y quejaos en hora buena.

Dan vuestras amantes penas
a sus libertades alas,
y después de hacerlas malas
las queréis hallar muy buenas.

¿Cuál mayor culpa ha tenido
en una pasión errada:
la que cae de rogada,
o el que ruega de caído?

¿O cuál es de más culpar,
aunque cualquiera mal haga;
la que peca por la paga
o el que paga por pecar?

¿Pues, para qué os espantáis
de la culpa que tenéis?
Queredlas cual las hacéis
o hacedlas cual las buscáis.

Dejad de solicitar,
y después, con más razón,
acusaréis la afición
de la que os fuere a rogar.

Bien con muchas armas fundo
que lidia vuestra arrogancia,
pues en promesa e instancia
juntáis diablo, carne y mundo.

                        Sor Juana Inés de la Cruz



Versión 01

Hermana mía
el valor que habéis mostrado
para defender vuestro cuerpo
no ha sido dado
por un Dios inventado.
Espantose la otra mujer
desvergonzada y ambaidora
asombrada
al ver que su silencio
vale más que sus palabras.
¡Una utopía para realistas!
dijo el gobernador al hombre.
¡Acabar con la desigualdad,
y repartir dinero gratis!
Buen hombre, no sentenciéis a la mujer
solamente por ser un reflejo de lo que son.